Lactoferrina y lactobacilos: elementos esenciales para defendernos de las infecciones vaginales

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El sistema de defensa innato de las membranas mucosas del tracto genital femenino implica una interacción estrecha y compleja entre la microbiota vaginal sana y varias proteínas que protegen al huésped de los patógenos.

Esta semana leí un artículo titulado “Role of Lactobacilli and Lactoferrin in the Mucosal Cervicovaginal Defense (Papel de los lactobacilos y de la Lactoferrina en la defensa de la mucosa cervicovaginal)”, publicado por la Universidad de Roma La Sapienza, donde se destaca la importancia de los lactobacilos y Lactoferrina para mantener una microbiota vaginal sana, esencial para prevenir y combatir las infecciones.

Los lactobacilos vaginales y la Lactoferrina son dos elementos esenciales en el entorno vaginal. Lactobacillus spp. y Lactoferrina son componentes clave de la defensa de primera línea en el tracto genital de la mucosa femenina. Están involucrados en la protección contra una multitud de infecciones microbianas y son responsables del mecanismo natural más efectivo para atenuar los procesos inflamatorios.

El tracto vaginal está colonizado por microorganismos, conocidos como “microbiota vaginal” (VM). Estos microorganismos, además de un complejo sinergismo entre proteínas, células epiteliales e inmunes, desempeñan un papel fundamental en la defensa del tracto genital femenino contra procesos infecciosos e inflamatorios.

En presencia de un entorno vaginal sano, hay un equilibrio entre los diferentes componentes de la flora vaginal.

La ruptura del equilibrio de la mucosa está determinada por la alteración de uno de los diversos elementos y, a menudo, conduce a una mayor susceptibilidad del huésped a las infecciones. Una microbiota vaginal sana está dominada por Lactobacillus spp., pero otros microorganismos también pueden estar presentes en menor medida (Gardnerella, Prevotella, Streptococcus, Ureaplasma, Peptostreptococcus, Staphylococcus, Clostridium, Mycoplasma, Enterococco, Bacteroides, Escherichia, Bifidobacterium y Candida).

Más de 20 especies de Lactobacilli han sido detectados en la vagina.

Sin embargo, en la mayoría de las mujeres, la microflora vaginal sana contiene una o dos especies de Lactobacilli, incluyendo Lactobacillus crispatus, Lactobacillus gasseri, Lactobacillus jensenii y Lactobacillus iners.

El papel de los lactobacilos vaginales es proteger el tracto genital femenino a través de la producción de ácido láctico responsable del bajo pH vaginal que inhibe los patógenos. El ácido láctico está en equilibrio con el anión lactato. La primera es la forma predominante en condiciones vaginales sanas (pH bajo <4.5), ejerciendo así una actividad antimicrobiana contra patógenos. El anión lactato predomina a un pH más alto (> 4.5) en mujeres con disbiosis.

Varios mecanismos subyacen a la protección ejercida por los lactobacilos: la competencia por los nutrientes y la mayor adherencia de los tejidos, la reducción del pH vaginal, la modulación de la inmunidad y la producción de compuestos bioactivos.
Entre los factores bioactivos de la mucosa cervicovaginal encontramos la lactoferrina, una glicoproteína catiónica de hierro que pertenece a la familia de la transferrina. Se define como multifuncional por sus actividades antibacterianas, antifúngicas, antivirales y antiparasitarias y recientemente ha sido reconocida como un importante modulador inflamatorio.

La lactoferrina está presente en abundancia en la mayoría de los fluidos biológicos de los mamíferos, es sintetizada por las glándulas exocrinas, por muchas células epiteliales de la mucosa y liberada por los neutrófilos durante la inflamación. El nivel más alto de lactoferrina humana (hLf) se encuentra en el calostro. En lágrimas, saliva, intestino delgado, cerumen, fluido vaginal, líquido amniótico, líquido de las vías respiratorias superiores, plasma seminal y moco cervical, se encuentra en niveles muy bajos. En particular, la concentración de hLf en el fluido vaginal humano corresponde a 1-3 μg/ml.

En mujeres en edad fértil, la síntesis de sustancias antibacterianas por los lactobacilos y la acción competitiva para la adquisición de hierro de lactoferrina contra microbios representan un mecanismo eficaz de defensa natural del ambiente vaginal.

Tanto los lactobacilos como la lactoferrina pueden inhibir la adhesión y, en consecuencia, la entrada de microbios en las células a través de la interacción con los receptores potenciales de los componentes patógenos de la superficie celular. Los lactobacilos y la lactoferrina parecen ser complementarios, ya que los lactobacilos inhiben la replicación microbiana intracelular y, junto con la lactoferrina, dificultan la infección de células aún sanas por microbios liberados extracelularmente. Esta estrecha colaboración también se ejerce a través de su función antiinflamatoria. En este escenario, el ambiente mucoso representa un buen modelo de mutualismo y reciprocidad contra el ataque de los microbios.

Considerando la falta de tratamientos efectivos para combatir las infecciones bacterianas resistentes a los antibióticos, la administración oral e intravaginal de Lactobacilli y Lactoferrina podría ser una nueva estrategia terapéutica eficiente y una herramienta valiosa para restablecer el equilibrio de la flora bacteriana vaginal.
En el mercado podemos encontrar diferentes suplementos que contienen lactobacilos y lactoferrina, muy efectivos para reequilibrar el microbioma vaginal.
La mejor opción debería ser los suplementos que contienen ambos, incluso mejores si se los asocia con sustancias naturales con propiedades inmunoestimulantes como el lapacho.

También las duchas vaginales basadas en lactoferrina, lattobacilos, N-acetilcisteína y Morinda citrifolia representan una buena estrategia tanto para enfrentar posibles infecciones como para mantener una eubiosis vaginal normal.

Matrona Sara Furno

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