Carta abierta de una uretra femenina

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Al llegar a la oficina el otro día encontré un trocito de papel cerca de mi computadora. Una pequeña nota rosa, doblada en cuatro con estas líneas:

«Estimados señores y señoras doctores, generalistas y especialistas, ginecólogos y urólogos, soy la uretra femenina, no soy muy larga (apenas 2 centímetros) y, la mayoría de las veces, guardo silencio, ¡pero existo! Y si existo anatómicamente tengo derecho a estar enferma, tengo derecho a tener dolor, tengo el derecho, al igual que la uretra masculina, a que se me tenga en cuenta y que se admita que puedo ser sometida a una infección y/o inflamación.¡Así que gracias de antemano por no negar mi existencia, negar mi sufrimiento e incluso negarse a examinarme, analizarme y diagnosticarme!».

Carta abierta de una uretra femenina

¡Oh, la pobre uretra femenina que intenta desesperadamente levantar la voz midiendo solo dos pulgadas…  pero tiene toda la razón! Ignorada, negada, despreciada, todo porque es pequeñita mientras los caballeros tienen una «más grande». Es sorprendente la cantidad de veces que he leído testimonios de chicas que han sido atacadas (y no con mucha elegancia la mayoría de las veces) por su médico general o especialista – hombre o mujer – o incluso por el laboratorio de la época porque se atrevían a hablar de esta parte de su anatomía y tenían el valor de asumir que sus dolencias estaban localizadas justo allí.

Cuando estaba preocupada por la uretritis nadie me escuchó.

El doctor con todo su conocimiento: «La uretra dice? Probablemente tiene vaginitis, el ardor es parecido (¡¿qué sabe él?!)!».

Yo: «No, no, se lo aseguro, vi a dos ginecólogos y todo está bien en aquel ámbito».

Él (que comienza a perder sus medios al aventurarse en estas tierras desconocidas): «Si fuera un hombre, lo entendería pero realmente no veo la relación con su problema».

Yo: «Bueno, ¿tengo uretra de todos modos, no?”.

Él (cada vez más abrumado): «Sí, pero entienderá que en la mujer esto no es posible. Está algo confundida”.

Yo: «Tal vez, pero todavía me gustaría comprobarlo. ¿Cuál sería la prueba a realizar?”.

Él (ya no sonríe, no le gustan mis preguntas y aún menos le gusta no saber qué decirme): «Escuche, le estoy diciendo que no es eso. Tiene que relajarse y verá que se irá solo. Si quiere, puede volver a verme de nuevo en seis meses».

Piensa y recuerda… escenas como esta creo que todas las hemos vivido desafortunadamente.

¡Entonces, voy a ayudar a mi amiga la uretra para que se la tome en serio!

Para todas las que tienen dolor en la uretra (algunas dicen modestamente «en el área del clítoris», otras dicen «en el meato») aquí hay una lista de lo que podría ser (del más probable al más raro, pero que  es posible de todos modos):

cistitis aguda, por supuesto => sigue siendo lo primero que se debe averiguar con un ECBU y, rápidamente, en caso de crisis

– micosis o trastorno dermatológico => también será necesario hacer un examen a la pareja también

cistitis abacteriana o uretritis abacteriana => por ejemplo después de mimos muy apasionados con la pareja incluso sin penetración

biopelícula

– infección por Mycoplasma

– contractura de la musculatura peri-uretral y/o un Síndrome vulvo-vestibular, vulvodinia o vestibulitis => ¡solo un especialista (fisioterapeuta o partera) puede averiguarlo!

– ataque de las terminaciones nerviosas alrededor de la uretra => competencia del neurólogo

Aquí una breve descripción caliente para dar importancia a la uretra (ya que nunca tiene):

  • es muy pequeña
  • tiene una pared muy delgada (menos capas que el urotelio de la vejiga)
  • muy inervada y vascularizada
  • está cerca de la vagina y del ano
  • a menudo atrapada en ropa sexy y ropa interior muy apretada
  • nacida de las mismas células madre que el útero, por lo tanto ,sensible a trastornos hormonales, grandes y pequeños, a lo largo de nuestras vidas (pubertad, menstruación, anticoncepción, embarazo, menopausia, etc.)
  • se encuentra en el medio de un «nodo» real de terminaciones nerviosas y haces musculares (suelo pélvico)

Muy frágil y sin embargo nunca objeto de atención.

¡Vamos chicas! ¡Pasemos la palabra a nuestra uretra que ya es la hora!

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