Cistitis y dolor vulvovaginal

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Durante varios años fui desafiada sobre un elemento que, de vez en cuando, leía en los comentarios de algunas mujeres: el cese total del dolor, la molestia y los trastornos urogenitales durante la menstruación.

Este elemento, en total contradicción con la acción adversa de la caída osteogénica que acompaña a la menstruación (y tiende a favorecer la aparición de un episodio agudo en el período perimenstrual), me dejó muy perpleja y sin una explicación racional para justificar la desaparición completa de cualquier sintomatología.

Finalmente, llegué a una posible explicación: el Síndrome Vulvo Vestibular.

Definición del síndrome vulvo vestibular (SVV)

Este síndrome es un problema multifactorial, relativamente desconocido, que sin embargo afecta al 14% de las mujeres en su vida. Existe en diferentes formas y puede ser activado por diferentes mecanismos, por lo que es un tema muy amplio.

Este artículo está dedicado exclusivamente a la forma de SVV de origen hormonal, pero es importante especificar que la misma problemática puede deberse a:

  • trauma mecánico o químico de la esfera pélvica
  • una alteración de la funcionalidad nerviosa
  • infecciones crónicas
  • terapias largas (cortisona, antibióticos, quimioterapia, etc.)

En particular, en el caso de SVV hormonal, la sintomatología típica ocurre después de un cambio en los niveles de estrógenos, tales como: premenopausia, menopausia, cambio de anticoncepción, embarazo, lactancia, enfermedad endocrina, síndrome de ovario poliquístico. 

Esta modificación luego incluye:

-> una reducción significativa del trofismo de la mucosa (vulvar, vaginal y urotelial)

Este fenómeno causa una reducción en el grosor de las membranas mucosas que promueve la permeabilidad de la vejiga y las migraciones bacterianas que pueden causar episodios de infección aguda del tracto urinario (cistitis bacteriana, hongos y vaginosis)

-> mayor exposición de los nervios periféricos que inervan los órganos del área pélvica

De hecho, al reducirse el grosor de la mucosa, la red capilar y nerviosa que la atraviesa se encuentra en el área más expuesta a factores ambientales. Esto conduce a una percepción diez veces mayor de los estímulos externos que los hacen dolorosos cuando no deberían ser (impresión de hipersensibilidad de la vejiga, vulvar y vaginal, cistitis abacteriana, dispareunia, dificultad para vestirse o resistir el contacto de la ropa interior o cualquier tipo de tejido, para sentarse o practicar ciertos deportes como el ciclismo, etc.).

Cuando la sintomatología dolorosa se vuelve persistente, se implementan los mecanismos de defensa del cuerpo, lo que lleva a una cronificación y agravamiento del problema, entre los cuales:

-> una contractura de los músculos del área pélvica

Al acortar el perineo, promueve el retorno de gérmenes uropatógenos a la vagina y la vejiga (cistitis bacteriana, micosis, vaginosis)

-> una compresión de los vasos sanguíneos

Esto disminuye la circulación capilar y la irrigación de los tejidos, causando una fragilidad aún mayor hacía microlesiones y microtrauma, y en consecuencia aumenta la sensación de quemaduras (cistitis abacteriana, vulvo-vaginitis, etc.).

Los síntomas asociados con la vulvo vestibular hormonal

El SVV hormonal se caracteriza por la existencia de dolor e incomodidad persistentes, comparables a las sensaciones de «picaduras», quemaduras y dolores latentes que son difíciles de localizar en el área pélvica (entre la vejiga y la vagina).

Otra característica que se encuentra con frecuencia en pacientes con este síndrome es la percepción de un «latido» (descrito como pulsaciones o descargas eléctricas) en la región de la uretra o el clítoris.

Algunos sujetos también muestran hyertonicidad anal o rectal localizada (percibida como espasmos) acompañada de trastornos de defecación.

Hay también episodios agudos, similares a la cistitis, pero sin presencia bacteriana en la orina. Y, en estos casos, algunos estudios han observado un efecto beneficioso de la ingesta de antibióticos en los síntomas, probablemente debido a una acción antiinflamatoria indirecta (a través de una acción inhibitoria de la respuesta inmune).

Cuando el SVV tiene un origen hormonal, la sintomatología tiende a desaparecer durante la menstruación que luego se describe como un período de calma.

¿Cómo manejar el síndrome vulvo-vestibular?

Al tratarse de un síndrome multifactorial, el manejo del SVV por lo tanto requiere apoyo en todos los frentes:

-> prevenir infecciones del tracto urinario como las vaginales para reducir los episodios agudos

-> regularizar el tránsito (si es necesario) para evitar trastornos que podrían apoyar la inflamación

-> apoyar la hidratación y el trofismo de las membranas mucosas para prevenir atrofia, sequedad, opresión y reducir la permeabilidad de la vejiga

-> combatir la inflamación y reducir la transmisión del mensaje nervioso «dolor» al cerebro

También se recomienda una evaluación completa del suelo pélvico con un especialista (matrona o fisioterapeuta) capacitado para notar o excluir la presencia de hipertonía para completar el diagnóstico y, cuando corresponda, el tratamiento (relajación del perineo).

Cuando el SVV tiene un origen hormonal, la normalización de los niveles de estrógeno, progesterona y otras hormonas involucradas es fundamental. Es aquí el médico quien evaluará, según el historial, la relevancia y las modalidades de implementación de una terapia de reemplazo hormonal oral y/o local.

Evolución y agravamiento del síndrome vulvo-vestibular

Parece útil especificar que el SVV es un precursor de vulvodinia, vestibulitis y neuralgia perineal (incluida la neuralgia del pudendo).

Por lo tanto, la detección temprana y completa y el manejo temprano son esenciales para evitar estas complicaciones, cuya naturaleza transforma un problema reversible en patología crónica.

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