Disbiosis digestiva y cistitis: la relación intestino-vejiga

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Tras un intercambio en nuestro grupo de Facebook «Cistitis Recurrente«, me pareció útil reportar los comentarios y puntos destacados sobre la relación que puede existir entre la disbiosis digestiva y la cistitis recurrente.

La microbiota humana, cuando está sana y equilibrada, aporta casi el 80% de la competencia inmunitaria del organismo. Cuando hablamos de disbiosis, se rompe ese equilibrio fisiológico que existe entre la flora comensal heterogénea que puebla el intestino (y está formada por levaduras, bacterias y virus) y el huésped (¡nosotros!). Por lo tanto, es inútil especificar en qué medida la disbiosis intestinal puede influir en la predisposición a las infecciones, en particular urinarias (y más generalmente de la esfera urogenital).

Génesis del Síndrome del intestino irritable

En el caso del Síndrome del intestino irritable (SII), la causa «raíz» de los síntomas es casi siempre una disbiosis intestinal (cuyo origen primario debe buscarse, identificarse y controlarse para una resolución completa y duradera del problema hasta el origen).

Tras la disbiosis, los síntomas digestivos aparecen sobre todo a nivel intestinal (diarrea, meteorismo, estreñimiento, etc.) pero también gástricos (quemaduras, reflujo, pesadez, meteorismo, etc.). Estos signos tienden a autoalimentarse de la disbiosis ya que generan una mala digestión y absorción de nutrientes, inducen procesos inflamatorios en la mucosa intestinal e incluso pueden conducir al establecimiento de una hiperpermeabilidad intestinal.

Todas estas reacciones en cadena predisponen al “terreno” para otros problemas en cascada, incluida la cistitis bacteriana (ya sea por el aumento o la migración de gérmenes).

Cistitis y SII/disbiosis intestinal: el círculo vicioso

La mayoría de las veces, ante la aparición de una cistitis bacteriana se da una respuesta médica “estándar” (según las recomendaciones vigentes): antibioticoterapia. Sin embargo, este enfoque, cuanto más se repite, agravará la disbiosis y por lo tanto la procesión de los síntomas y trastornos del SII, creando un efecto de “círculo vicioso”.

¿Qué hacer?

Es importante especificar aquí que el Síndrome del intestino irritable/Disbiosis casi nunca es el único factor de riesgo para la cistitis. Por el contrario, es más bien un factor “sordo” que puede ser predisponente o mantenedor. Además, suele instalarse durante mucho tiempo cuando aparece y/o se cronifica la cistitis, por lo cual se suele descuidar su manejo, convirtiéndose así en la principal causa de recaída o fracaso en los intentos de resolución del problema.

Peor aún, en caso de profilaxis antibiótica, este factor de «fondo» puede estallar y volverse preponderante.

En circunstancias en las cuales coexisten el Síndrome del intestino irritable y la cistitis bacteriana recurrente, es necesario, por tanto, definir una estrategia de manejo y prevención dirigida tanto a la protección del tracto urinario cuanto al restablecimiento del equilibrio de la flora intestinal.

Como siempre, este enfoque (que puede ser natural) debe ser “a medida” y por tanto personalizado ya que debe tener en cuenta de todas las facetas inherentes a la cistitis: factores predisponentes y precipitantes de los episodios agudos, equilibrio global de la esfera urogenital, etc. pero también de todas las facetas de la disbiosis: factores de riesgo, características del tránsito, nivel de inflamación de la mucosa, existencia o no de hiperpermeabilidad intestinal, SAM, histaminosis, etc.

Esto puede parecer complejo, pero se trata simplemente de poner una solución frente a cada factor de riesgo, por lo que me permito concluir el artículo invitando a los interesados ​​a solicitar un asesoramiento personalizado por correo electrónico a: contacto@deakos.com

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