Disbiosis intestinal, micosis y cistitis: vaya trío

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Este artículo se basa en el siguiente testimonio presente en algunos de nuestros grupos de Facebook:

“Tengo disbiosis diagnosticada con un análisis de microbiota.Tengo cepas de bacterias, en particular saprofitas, en cantidades anormalmente altas y ciertas bacterias “buenas” totalmente ausentes. Además, tengo una cantidad anormal de Candida krusei que se manifiesta claramente y violentamente en la vagina (micosis). Estoy cansada, ayuda!”.

Mi respuesta aquí no será “políticamente correcta” (pero debemos ser honestos y transparentes):

  1. los análisis de microbiota son exámenes:

– caros y no reembolsados

– no todos idénticos y, por lo tanto, no comparables entre sí ni interpretables por todos los profesionales (ya que cada uno solo está especializado en ciertas pruebas)

– que no hacen referencia a directrices, estudios epidemiológicos o publicaciones científicas reconocidas

– que no se aceptan como válidos para fines de diagnóstico

– cuyos resultados, por decirlo claramente, no son fiables.

De hecho, la microbiota humana es un “órgano” muy complejo, compuesto por cientos de cepas bacterianas, fúngicas y virales (algunas aún desconocidas o poco estudiadas), que evoluciona de forma completamente individual según el sujeto, su historia, su estilo de vida, entorno, etc.

En realidad, “la” microbiota no existe, cada uno de nosotros tiene “su” microbiota (como las huellas dactilares: ¡únicas!).

¡Intentar “analizar la microbiota” equivaldría, por tanto, a intentar analizar todos los planetas de todos los sistemas solares de todas las galaxias!

Hasta la fecha, esto no es posible.

Sin embargo, existen elementos que nos permiten evaluar ciertos parámetros que sí podemos comparar con datos científicos confiables:

– la dosis de calprotectina fecal -> que nos informa sobre el nivel de inflamación en el intestino

– la dosis fecal de zonulina -> que indica el nivel de permeabilidad intestinal

– el ensayo fecal (coprocultivo) de ciertos patógenos como Clostridum, Salmonella y Candida -> que permite excluir infecciones intestinales y parasitosis

– el análisis de sangre LBP: proteína fijadora de lipopolisacáridos -> que complementa a la zonulina para una “visión” más precisa de la permeabilidad

– la muestra vaginal -> que nos da una fotografía fiel de la flora vaginal en su conjunto (microorganismos buenos y malos) Pero cuando se trata de la microbiota y su composición, lo siento, no hay nada fiable.

2) cuando se sufre de SII (Síndrome del intestino irritable), las únicas certezas son:

 – que hay una disbiosis (que, como sabemos, es imposible de caracterizar con precisión)

– que el intestino está inflamado

– que las defensas inmunitarias se reducen

Para caracterizar aún más el “perfil del paciente”, es necesario, por lo tanto, realizar una anamnesis cuidadosa (que requiere tiempo y paciencia por parte del terapeuta) para comprender:

– el contexto en el cual surgió el problema

– factores de riesgo previos (factores predisponentes)

– eventos desencadenantes (factores precipitantes)

– las causas del mantenimiento y de la cronificación de los trastornos (factores de mantenimiento)

– síntomas actuales

– el marco general de salud (patologías periféricas, terapias, etc.)

– estilo de vida y hábitos

Sobre la base de este “perfil”, se pueden ordenar todas las piezas del rompecabezas y comprender los mecanismos subyacentes del problema. Entonces, de manera bastante lógica e intuitiva, se puede definir una estrategia (necesariamente personalizada) para gestionar mejor los trastornos de una manera natural pero efectiva y duradera.

3) llegamos pues a la situación descrita al principio de esta entrada.

Aquí tenemos (por desgracia) un contexto bastante común que asocia:

– SII (cuyo tipo no se especifica)

disbiosis vaginal con predominio fúngico (micosis)

– infecciones crónicas del tracto urinario (cistitis)

– inflamación de todos los órganos del suelo pélvico

Incluso si no se menciona, podemos imaginarnos una ingesta regular (pasada o aún actual) de terapias antimicóticas y antibióticas para luchar contra los trastornos vaginales y vesicales, terapias que repercuten negativamente en la microbiota -> agravamiento de la disbiosis -> agravamiento del SII -> disminución de las defensas inmunitarias -> favorecimiento de infecciones vaginales/vesicales -> obligación a recurrir a otras terapias… Un verdadero círculo vicioso.

4) en este caso específico, se debería implementar una verdadera estrategia dirigida a:

-> regularizar el tránsito

-> controlar la inflamación (intestinal, etc.) para reducirla (lo que reducirá significativamente los síntomas relacionados con el SII, vaginitis y cistitis)

-> recolonizar y apoyar la flora vaginal (en particular expulsando colonias de levaduras patógenas y sus biofilms)

-> prevenir las infecciones del tracto urinario (también actuando contra los microorganismos y sus biofilms)

/!\ La acción directa sobre la microbiota intestinal (sí, ya sé, parece una paradoja) se podrá en marcha después de todas estas intervenciones para finalmente volver al punto de equilibrio fisiológico tanto del aparato digestivo cuanto de las defensas inmunitarias.

Parece un camino difícil todavía de trata de un enfoque natural para abordar una situación compleja que traerá resultados significativos y, lo que es más importante, limitarrá recaídas o reincidencias.

Para asesoramiento personalizado, podéis escribir a: contacto@deakos.com

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