Estreñimiento y cistitis

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Este artículo surge de una pregunta, realizada en nuestro grupo Facebook y que todavía no encontró una respuesta clara en el blog:

“¿El estreñimiento es un factor que puede ser en parte la causa de la cistitis recurrente y del síndrome de la vejiga hiperactiva? Me gustaría conocer vuestras opiniones”.

Muchas gracias por esta pregunta que abre un gran “capítulo” sobre el vínculo entre el intestino y la cistitis.

Para responder a tu pregunta, SÍ, el estreñimiento es claramente un factor de riesgo para la cistitis bacteriana y abacteriana por varias razones:

1) la estasis de las heces en el colon induce varios efectos que promueven la cistitis

-> modificación de la microbiota en favor del crecimiento de gérmenes potencialmente uropatógenos (tipo E. coli) que, haciéndose dominantes, colonizan el perineo con más facilidad para subir sucesivamente a las vías urinarias

-> esta disbiosis provoca también una alteración (negativa) de la inmunidad con la consecuencia de una mayor susceptibilidad a las infecciones, en particular las de las vías urinarias y genitales

-> además, el aumento de volumen en el colon (siempre ligado a la acumulación de materia) provoca la distensión de sus paredes dando lugar a un aumento de la inflamación pélvica (y del dolor asociado)

2) cuando el estreñimiento se vuelve crónico, pueden aparecer procesos inflamatorios ya que:

-> la mucosa intestinal sufre repetidos ataques/irritaciones que provocan inflamación de la pared

-> la respuesta inflamatoria induce modificaciones (alteraciones) de las conexiones intercelulares lo que termina creando permeabilidad intestinal = es decir, la pérdida de la capacidad de filtración de la pared intestinal

3) la hiperpermeabilidad intestinal permite por tanto el paso de sustancias de la luz intestinal al medio interno (subcapa de la mucosa, sangre y órganos vecinos):

-> las bacterias de la microbiota intestinal pueden por lo tanto migrar a la vejiga

-> las «toxinas» (producto de la digestión o metabolitos) que deben eliminarse con las heces dan lugar a una respuesta inflamatoria (de tipo alérgico la mayor parte de las veces) local pero también sistémica (hay manifestaciones de todo tipo en caso de porosidad intestinal: dermatológicas, respiratorias, nerviosas, etc.)

En tal contexto, la cistitis es a menudo la manifestación visible de un problema mucho más complejo (en resumen, la punta del iceberg).

Por tanto, un manejo coherente y resolutivo debe centrarse no solo en el tracto urinario y en la prevención de la llegada de bacterias a la vejiga sino también en la cascada de eventos que permite estas colonizaciones, infecciones e inflamaciones.

En particular, se debería:

– regularizar el tránsito

– restaurar la eubiosis (= equilibrio) de la microbiota

– apoyar la “reparación” de la pared intestinal

– bloquear las varias respuestas inflamatorias

– reducir la respuesta alérgica y sus manifestaciones

– disgregar y eliminar los biofilms patógenos que favorecen la recurrencia de las infecciones vesicales

– manejar los otros factores de riesgo que pueden haber sido identificados

Por supuesto, en tal situación la dieta tendrá un papel fundamental; sin embargo, no lo es todo y un enfoque natural de 360° debe ser gradual y progresivo, articulado en torno a buenos nuevos hábitos diarios pero también complementos elegidos para optimizar el logro de los objetivos anteriores.

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