E.coli

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    Las dos caras de Escherichia Coli

    ¡Hola! ¿Me conoces? ¡Soy muy popular!

    Quería contarte mi aventura: anteayer estaba tranquilamente echando la siesta en casa de mi amiga «Veji» cuando de repente un desconocido empezó a abrazar mis «piernas». Se acercó a mí y enseguida me pidió que saliera con él. ¡Qué manera tan extraña de seducir a alguien!

    Pensé ¿quién es este extraño? No puedo salir con él, estoy tan bien y tan tranquila aquí… es agradable, nadie me molesta y tengo un montón de novios… así que traté de alejarme un poco pero ¿qué estaba pasando? Era imposible rechazar su invitación, su poder de seducción era como un imán, ¿cómo podía resistirme? Su encanto, su belleza: ¡era adorable!, ¡magnífico! y sobre todo… ¡entrañable!

    Antes de engancharme definitivamente y marcharme con él, necesitaba conocer su identidad. Al fin y al cabo era un desconocido. Entonces le pregunté:

    ¿Quién eres? ¿mi príncipe azul?

    Y sin dudarlo, me contestó:

    Me llamo D-Manosa y vengo desde muy lejos para llevarte conmigo a otro mundo, mi dulce y tierna amiga.

    ¡Ah, mi héroe! ¡Sabes lo que haces y eres muy atrevido!

    Me desprendí de la pared de la vejiga a la que estaba bien pegada y me enganché a él. Pero, ¿qué pasaba? Comencé a deslizarme y salté y mientras lo hacía le conté mi historia:

    Mi nombre es Escherichia coli, E.coli para los amigos, soy una bacteria Gram negativa y el nombre de mi familia es Enterobacteriaceae. Vivo la mayor parte de mi vida en la flora intestinal de los humanos y de los animales de sangre caliente, ¡me encanta el calor! y en particular me gusta estar a una temperatura entre 35 y 40 grados.

    Ya sabes, soy bastante importante y famosa en la existencia de un ser humano: soy la primera bacteria que coloniza el tracto intestinal del niño, ¡desde las primeras horas después del nacimiento!

    Soy lo que llaman «una bacteria comensal». Mi presencia no es sólo fisiológica sino también necesaria en el organismo (por cierto, no entiendo por qué algunos intentan erradicarme por completo).

    ¡Mi presencia es indispensable para el metabolismo y la inmunidad del ser humano!

    Pero entonces, ¿a qué viene tanto alboroto? ¿Qué son todas estas acusaciones sobre mi responsabilidad en las infecciones urinarias?

    Debo confesar que no soy nada perezosa, no me gusta mucho el sedentarismo y me gusta moverme así que a menudo cojo mi maleta, dejo el intestino y me voy con destino: ¡los órganos cercanos! Mi objetivo es transformarme en una bacteria ectópica (cuando estoy fuera de mi sitio fisiológico) y ¡patógena!

    Lo hago genial en la mucosa vaginal, me encanta hacerme un hueco en la flora Döderlein y así convertirme en la responsable de una vaginosis.

    Pero mi especialidad es escaparme a la vejiga ¡y ahí es cuando finalmente me convierto en la responsable de la tan anunciada cistitis!

    No recuerdo cuántas veces habré escuchado que para combatirme el humano debía beber mucha agua, limpiarse de adelante hacia atrás y cuidar la higiene íntima porque es obvio que, al tener la posibilidad de salir en el momento de la defecación, mi llegada a la vejiga o a la vagina se hace subiendo.

    No, amigos míos, no es así.

    Es cierto, me muevo y viajo mucho pero mi destino también puede ser endógeno, es decir, que no salgo del interior del cuerpo y simplemente voy del intestino a la vejiga sin necesidad de un GPS: ¡estos dos órganos están tan cerca!

    Y a esto los humanos le llaman el fenómeno de la porosidad intestinal o de la migración bacteriana: un tema muy amplio que no trataré aquí para evitar digresiones.

    Y sí, señoras y señores, soy una cosita simpática y extremadamente útil, a menudo se me percibe como un enemigo, pero cuidado, todo depende del destino de mi viaje: soy comensal cuando estoy en el intestino y patógena cuando voy a otra parte.

    ¡Vamos, un poco de piedad! En lugar de intentar erradicarme con un enfoque atómico (antibiótico) que eliminará mi presencia en la vejiga pero también en el intestino y, por tanto, mi producción de vitaminas esenciales para la inmunidad, sería mejor acompañarme galantemente hasta la salida.

    ¿Por qué no elegir un príncipe azul como D-Manosa para lograrlo? Mi atracción por este caballero evita mi adhesión a la pared de la vejiga sin molestar a mis hermanas y primas del intestino, preservando la microbiota intestinal y su funcionalidad inmunitaria y digestiva.

    ¡Adiós a todos entonces, me voy con mi príncipe! Si nos volvemos a ver, espero sea en el lugar correcto: dónde soy útil y no molesto.

    Las dos caras de Escherichia Coli

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