¿Es posible tener una infección del tracto urinario sin gérmenes?

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Preámbulo de este artículo

Es esencial aquí distinguir:

cistitis bacteriana: situación en la cual los síntomas están directamente relacionados con la presencia de gérmenes uropatógenos en grandes cantidades en el tracto urinario (= infección del tracto urinario)

cistitis abacteriana: problema en el cual los síntomas son idénticos pero los análisis de orina no revelan presencia bacteriana

Entendemos por tanto, a través de estas breves definiciones, que hablar de una “infección del tracto urinario sin gérmenes” es una contradicción ya que, de hecho, para que haya infección, los patógenos deben estar presentes.

Síntomas y diagnóstico de cistitis

La presencia de los síntomas típicos de la cistitis como ardor, urgencia y frecuencia al orinar, micción de poca cantidad, pesadez de la vejiga, etc. no es suficiente para hablar con certeza de una infección del tracto urinario. Tal situación, y lamentablemente tenemos ejemplos concretos de ella todos los días, podría por lo tanto evocar un marco de cistitis bacteriana o abacteriana.

Cuando aparecen estos síntomas, el primer “buen” consejo es la realización sistemática de análisis de orina (ECBU) o, al menos, tiras reactivas de orina para confirmar o excluir la presencia de bacterias.

Todos los elementos resultantes de estas pruebas y análisis son fundamentales para orientar correctamente la estrategia de manejo según se trate de cistitis estrictamente inflamatoria o con componente infeccioso, evitar efectos innecesarios y potencialmente contraproducentes y adecuar la ingesta de D-Manosa al recuento de gérmenes si los hay.

Manejo y consejos

Como extensión de los hallazgos y sugerencias anteriores, según la naturaleza de la cistitis (bacteriana o abacteriana), parece obvio que las medidas a tomar para combatir los episodios agudos y evitar su recurrencia serán diferentes ya que están destinadas a actuar contra:

Si la cistitis es abacteriana será necesario centrarse en una serie de medidas encaminadas a:

– reducir la irritación que sufre el urotelio vesical -> dieta adaptada, hidratación abundante, evitación de los principales irritantes y “tóxicos” para la vejiga (alcohol, tabaco, café, chocolate. etc.), alcalinización de la orina

– controlar la inflamación en curso -> suplementación con activos antiinflamatorios naturales (Quercetina, PEA, Morinda citrifolia, etc.)

– prevenir el establecimiento de espasmos o contracturas dependientes del suelo pélvico -> aplicación de calor en el bajo vientre, relajación muscular y ejercicios respiratorios, suplementación con Magnesio, cese de actividades físicas demasiado “violentas”, descanso, etc.

Si la cistitis está realmente relacionada con una infección del tracto urinario será útil para combatir la presencia de bacterias uropatógenas mientras se controla su impacto inflamatorio en el tracto urinario.

Este artículo contiene todas las indicaciones para este caso.

Una vez que la tormenta haya pasado tras el episodio agudo y para evitar que se produzca una recurrencia, es fundamental intentar comprender las causas (factores predisponentes y precipitantes) que llevaron a la aparición de los síntomas para poder poner en marcha una estrategia adecuada para controlarlos en el futuro y prevenir nuevos episodios agudos.

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