Intestino y cistitis, una relación estrecha

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La relación entre la microbiota intestinal y los trastornos uro-ginecológicos es cada vez más reconocida y estudiada. Como este tema se discute regularmente en el grupo de FB “Cistitis recurrente“, ¡ya llegó la hora de dedicarle un artículo explicativo!

Cuando la presencia bacteriana responsable de la cistitis tiene un origen intestinal (es decir, está causada por bacterias normalmente presentes en el intestino como E.coli o Enterococcus), es muy probable que seamos víctimas de una “autoinfección” que puede seguir dos mecanismos:

1) colonización del tracto urinario por vía ascendente

Las bacterias comensales presentes en el medio intestinal colonizan también fisiológicamente el perineo de forma permanente y, de forma masiva, tras la defecación (cuando son aún más numerosas y “variadas”).

Su presencia en esta zona anatómica está regulada por:

• una “distancia de seguridad” entre el ano y el medio urinario (varios centímetros y en todo caso un espacio suficiente para evitar la llegada de bacterias a nivel del meato urinario);

• la presencia de una flora vulvovaginal equilibrada (con una cantidad adecuada de Lactobacilos); si está comprometida (por la ingestión de antibióticos o debido a la menopausia por ejemplo) debe ser repoblada para asegurar un papel de “barrera” contra bacterias potencialmente patógenas para las vías urinarias y/o genitales;

• una buena higiene íntima (no agresiva), especialmente después de defecar, para eliminar bacterias potencialmente patógenas (el lavado perineal debe realizarse con un jabón íntimo adecuado, idealmente a pH fisiológico (4 – 4,5), seguido de abundante enjuague y secado.

Desde el momento en que las bacterias traspasan esta línea de defensa y alcanzan el medio urinario ascendiendo por la vejiga, la cistitis bacteriana que resulta de esta colonización puede definirse como: cistitis “por ascenso”.

Hay que tener en cuenta que este tipo de cistitis se ve facilitada por la presencia de ciertos factores predisponentes y/o precipitantes:

• anatomía perineal alterada (por ejemplo, después de un parto complicado, episiotomía, etc.)

atrofia vulvovaginal (menopausia)

• sequedad vulvovaginal (anticoncepción, regla, premenopausia o menopausia)

disbiosis vaginal (es recomendable seguir ciclos regulares con probióticos)

• uso reciente/excesivo de antibióticos

• higiene íntima inadecuada y agresiva

• ropa demasiado ajustada

2) colonización del tracto urinario por migración

En algunos casos (más a menudo de lo que se piensa), la pared intestinal puede presentar cierta porosidad denominada hiperpermeabilidad intestinal.

Es decir, las conexiones que existen entre las células que componen la mucosa intestinal se expanden, creando suficientes grietas (hablamos de milímetros) para que las bacterias que pueblan fisiológicamente el intestino escapen y contaminen la vejiga (cistitis por “migración”).

Es importante señalar que esta permeabilidad intestinal suele ser la culminación de un proceso de reacción en cadena que provoca tanto disbiosis de la microbiota como inflamación crónica del aparato digestivo (y del colon en particular) cuyo origen o orígenes hay que buscar en:

desequilibrio alimenticio

• intolerancia a ciertos alimentos

• tránsito intestinal alterado (estreñimiento, diarrea, meteorismo, etc.)

• uso repetido o crónico de ciertos medicamentos (aquí mencionaremos los corticoides e IBS*)

• abuso de laxantes

• falta de actividad física

hidratación insuficiente

Comprender la “raíz” del problema es la clave para implementar las medidas adecuadas para su resolución: manejo de las causas de la disbiosis intestinal -> reducción de la inflamación intestinal -> regresión de la porosidad -> detención de la migración bacteriana -> reducción (o incluso desaparición) de los episodios de cistitis.

También cabe señalar que la cistitis por migración es un importante promotor de la formación de biofilms patógenos. En este caso, por tanto, la intervención preventiva debe girar en torno a 3 medidas fundamentales:

  • disgregación y eliminación de biofilms patógenos vesicales
  • prevención de la llegada de gérmenes a la vejiga
  • resolución de la hiperpermeabilidad intestinal

*IBS: una causa insospechada de cistitis

Los inhibidores de la bomba de protones (“antiácidos” en el lenguaje común) se encuentran entre los medicamentos más recetados en la actualidad. Su consumo, tanto ocasional como crónico, está muy extendido en la población mientras que los posibles efectos colaterales de este consumo, aunque claramente identificados y descritos en la literatura científica, siguen siendo muy poco conocidos por el gran público.

En pocas palabras (y claramente), la ingesta repetida de estas terapias puede dar lugar a reacciones en cascada que constituirían un factor de riesgo para la cistitis bacteriana (por ascenso y, sobre todo, por migración):

  • alcalinización del pH gástrico
  • modificación del pH del bolo alimenticio que pasa sucesivamente por el intestino
  • alteración de las condiciones ambientales propicias para el desarrollo de una microbiota digestiva equilibrada
  • modificación progresiva de la microbiota (en los casos más graves se pueden encontrar disbiosis tipo SIBO, SIFO o Candidiasis)
  • disbiosis intestinal que causa trastornos de digestión y/o absorción y/o tránsito (Síndrome de Intestino Irritable que afecta a casi el 20% de la población adulta)
  • establecimiento de procesos inflamatorios crónicos
  • daño a la pared del tracto digestivo, aflojamiento de los estrechos enlaces intercelulares de los enterocitos (células que forman la pared intestinal)
  • “fuga” de sustancias fuera del tracto digestivo que no deberían ser absorbidas en condiciones fisiológicas normales (por ejemplo, metabolitos de la digestión que, al estar en el torrente sanguíneo donde no deberían estar, se comportarán como toxinas)
  • migración de bacterias y hongos fuera del tracto digestivo hacia los órganos cercanos (como la vejiga)

Por todo ello, en caso de uso crónico de IBP (que sin embargo son terapias creadas para ciclos cortos de ingesta ocasional), sería deseable:

  • asegurarse de seguir correctamente los consejos de dieta y estilo de vida destinados a reducir la acidez y el reflujo
  • evaluar con el médico, y en función del problema y de los síntomas, la relevancia real de dicha ingesta y, en consecuencia, la posibilidad de reducir la ingesta de IBP o enrarecerla en el tiempo
  • para facilitar esta reducción en el consumo de IBP, considerar el uso de otros productos, naturales y sin efectos secundarios, para regular la acidez, el reflujo y sus síntomas (por lo tanto, Gastrivox puede constituir aquí un apoyo adecuado)
  • uso de coadyuvantes de la terapia con complementos destinados a reducir los posibles impactos (mencionaremos en particular Sette+, Alaquer y Deaflor)

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