Cistitis y contractura muscular pélvica

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Cistitis y contractura muscular pélvica. El suelo pélvico es como una hamaca situada en horizontal a través de la cual pasan la uretra (ese «tubito» que conecta la vejiga con el exterior), el canal vaginal, el recto, los nervios, los vasos sanguíneos. En el momento en el que existe una contractura pélvica, la uretra se encuentra «aplastada» provocando un flujo urinario débil y dificultoso, un vaciado incompleto de la vejiga y un estancamiento de la orina (más permanece la orina en la vejiga, mayor será el tiempo que tienen las bacterias para poder reproducirse).MS10_1

La vagina, estará sometida a una mayor tirantez durante las relaciones sexuales, dolor (dispareunia) y microlesiones de la mucosa genital. Es estas pequeñas lesiones, las bacterias (casi siempre de procedencia fecal), encuentran un terreno ideal para adherirse y reproducirse ( una mucosa sana sin embargo es menos favorable a las agresiones). Desde aquí, las nuevas colonias van a invadir la uretra, subiendo hasta la vejiga.

Para hacer todo esto, los microorganismos necesitan entre 24 y 72 horas. Es por esto que la «cistitis de luna de miel» (o cistitis post coital) aparece uno, dos o tres días después de la relación.

Los nervios de los órganos urogenitales transmiten el dolor al cerebro. Al encontrarse «aplastados» por los músculos o sobreestimulados por la inflamación crónica, se bloquean y envían mensajes alterados: dolor espontáneo (sin estímulos irritantes reales), sensación de vejiga llena incluso cuando se encuentra vacía, urgencia, frecuencia miccional, picor genital.

El recto «aplastado» provoca dificultad para el vaciado intestinal (estreñimiento). La acumulación de heces duras irritará los nervios y la contractura muscular.

Los vasos sanguíneos oprimidos no permiten llevar a los órganos urinarios y genitales suficientes nutrientes y oxígeno, lo que provoca el sufrimiento, debilidad y tendencia a las infecciones de estos órganos. Además, los vasos sanguíneos tienen la función de recoger los productos de deshecho locales para llevarlos a los filtros depurativo (como el hígado, por ejemplo). Si se encuentran aplastados no son capaces de llevar a cabo esta función y las sustancias tóxicas se acumulan empeorando las condiciones del órgano.

Una vez entendido esto, es comprensible la ineficacia de la terapia antibiótica, que combate solo uno de los síntomas de la pérdida del equilibrio pélvico (las bacterias), creando al mismo tiempo las condiciones ideales para la recidiva bacteriana sucesiva, tanto urinaria como vaginal (casi siempre asociadas).

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