La microbiota: una tierra desconocida

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Voy a hablaros de la microbiota presentandola como muchas veces la he imaginado.

Me imagino un continente entero, de forma más bien alargada, completamente cubierto de una espesa vegetación con todo un ecosistema formado por plantas y animales. Visto desde el cielo, el bosque que cubre la tierra parece homogéneo pero, si nos acercamos, las plantas que lo componen son muy variadas en tamaño, forma y color.

De igual manera, los animales que lo habitan pertenecen a distintas especies (insectos, mamíferos, etc.) los cuales viven, se alimentan, interactúan y se mueven de manera diferente. Como el continente tiene forma alargada, el clima varía según el área observada, lo que tiene un impacto directo en la composición del ecosistema (plantas y animales).

Del mismo modo, la calidad del suelo, sustrato nutritivo básico para todo el ecosistema, tendrá una influencia importante en el crecimiento de las diferentes especies vegetales y, por tanto, animales. Como en cualquier ecosistema, las especies vivas presentes son interdependientes. Por ejemplo, los animales se alimentan de los frutos de los árboles pero también aseguran la diseminación de semillas gracias a sus excrementos; los insectos necesitan el néctar de las flores pero el forrajeo juega un papel fundamental en la polinización…

Finalmente, observamos que el equilibrio que existe es el resultado de sutiles y complejos mecanismos de regulación de la población, en particular en su crecimiento y proporción dentro de las diferentes cadenas alimentarias.

Por supuesto, este continente (la tierra, las plantas, los animales e incluso los diferentes climas que reinan allí) puede verse parcial o totalmente fastidiado por factores externos como la llegada de nuevas poblaciones, la contaminación del aire o del agua, el cambio climático, un terremoto, una erupción volcánica, etc. Dependiendo de la importancia del evento «perturbador», el continente se modificará durante un breve período, siendo los recursos de adaptación y compensación de un ecosistema competente, grandes y capaces de soportar fuertes limitaciones durante un retorno rápido a la normalidad o por un período más largo o incluso para siempre.

En estas circunstancias, las acciones de “rescate” pueden ser útiles y, en ocasiones, incluso esenciales para ayudar al continente y su ecosistema a recuperar el equilibrio perdido. Sin embargo, para llevarse a cabo, estas intervenciones deben cumplir las siguientes condiciones: ocurrir en el lugar adecuado (donde sea útil); actuar de tal manera para imitar lo más posible los sistemas naturales existentes; no intervenir en detrimento de los componentes más débiles y frágiles del ecosistema; en el caso de que la intervención sea en beneficio de un solo y único componente del ecosistema, asegurarse de que no hayan efectos secundarios futuros (tratar de pensar a largo plazo).

Entonces, acabamos de describir la microbiota (el ecosistema) como un todo:

– el continente es el intestino (el colon para ser exactos)

– la tierra en la que todo crece es la mucosa intestinal

– el clima corresponde al pH pero también al peristaltismo y otros parámetros ambientales que se pueden encontrar en los intestinos

– las diferentes especies de plantas y animales son las diversas colonias fúngicas, bacterianas e incluso virales que componen la flora intestinal

– el equilibrio entre todas las especies es lo que se llama eubiosis

– acontecimientos “perturbadores”, por desgracia, hay una infinidad de ellos, desde el “simple” consumo de complementos alimenticios hasta la quimioterapia, desde intoxicaciones alimentarias hasta cirugías digestivas, pasando por todas las enfermedades metabólicas e infecciosas

– la pérdida del equilibrio, el “trastorno” del ecosistema es la disbiosis* con sus consecuencias

*aquí entendemos que es mejor hablar de disbiosis en plural porque hay tantos eventos disruptivos

– las intervenciones de “rescate” son las diferentes herramientas de las que disponemos para intentar combatir la disbiosis y restaurar la eubiosis

Un comentario sobre “La microbiota: una tierra desconocida

  1. La microbiota humana, cuando está equilibrada, asegura el 80% de la competencia inmunológica del organismo. Por lo tanto, no hace falta decir cómo la disbiosis intestinal puede afectar la predisposición a las infecciones, especialmente las infecciones del tracto urinario.
    En el caso del Síndrome del intestino irritable, la causa «raíz» de los síntomas es casi siempre la disbiosis intestinal (cuya causa debe buscarse para una resolución completa y duradera). Tras la disbiosis, aparecen síntomas digestivos (diarrea, meteorismo, estreñimiento, etc.) que predisponen a problemas posteriores como la cistitis bacteriana (ya sea por ascenso o migración de bacterias).
    Los tratamientos para la cistitis (antibióticos) empeoran la disbiosis y por lo tanto crean un efecto de «círculo vicioso».
    En circunstancias en las cuales coexisten el Síndrome del intestino irritable y la cistitis recurrente, es conveniente definir una estrategia de manejo y prevención dirigida tanto a la protección del tracto urinario cuanto al restablecimiento del equilibrio de la flora intestinal.
    También me gustaría subrayar cuánto ha avanzado la ciencia en cuanto al conocimiento de la microbiota en las últimas décadas; sin embargo, este conocimiento sigue siendo muy superficial, muchos mecanismos siguen sin conocerse y la dinámica vinculada a la eubiosis (= equilibrio) de la microbiota es tan variable e individual que actualmente no existe una posibilidad fiable de evaluar claramente la extensión de la disbiosis. Un camino de investigación en este sentido, aunque lógico (si queremos curarnos hay que entender el problema), no es deseable para los pacientes en este momento. De hecho, se trata de pruebas y exámenes cuyo valor no se reconoce y que, lamentablemente, no conducen a un diagnóstico fiable con un abordaje adecuado consecutivo. Por estas razones, un «buen» consejo en caso de colon irritable sería simplemente trabajar para:
    – manejar los síntomas/restaurar el alvo
    – reducir la inflamación de la pared intestinal
    – prevenir la hiperpermeabilidad del intestino
    Cuando el problema del colon irritable existe en un contexto de trastornos endocrinológicos (tiroideos en particular), también es necesario trabajar en la «mecánica» de la digestión ya que, en ese caso, se suele notar una ralentización del vaciado gástrico y del peristaltismo intestinal, un factor de riesgo para la disbiosis. En esta situación, medidas sencillas como ejercicios de respiración (coherencia cardíaca), actividad física dirigida y suplementos que favorezcan la motilidad digestiva pueden ser de gran ayuda.

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