Embarazo y cistitis

¿Por qué la cistitis desaparece durante el embarazo y reaparece después?

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Este post viene (¡por fin!) en respuesta a muchas preguntas sobre una situación frecuente: la cistitis (inclusive una recurrente) desaparece durante el embarazo e incluso durante un período más o menos largo…y luego vuelve a aparecer.

Este acontecimiento inesperado se opone totalmente a lo que estamos habituadas a leer: que la cistitis se ve favorecida por el embarazo debido a las modificaciones anatómicas del suelo pélvico. Es por eso que se merecía una explicación completa y lo que es más importante, algunas soluciones 🙂

Fisiología del embarazo: ¡cambios que sientan bien!

Los estrógenos son hormonas producidas por los ovarios a las que se les pueden atribuir características «pro-tópicas», es decir:

  • Apoyan el trofismo (proceso de nutrición de los tejidos) de las membranas mucosas. Las vulvovaginales y las uretrovesicales.
  • Apoyan el crecimiento de la flora Döderlein.
  • Apoyan la competencia inmunológica de la esfera urogenital.

Durante el embarazo, se suele decir que la futura madre «rebalsa de hormonas».  Esto es porque aumenta la producción de hormonas, sobre todo de estrógenos, cuya finalidad principal es hacer crecer el endometrio (el revestimiento del útero), para facilitar la formación de la placenta y el suministro de nutrientes al feto.

Es decir, al quedar embarazadas se bloquea el ciclo menstrual: no hay fase lútea. Tras la ovulación y la fecundación, los niveles de estrógenos no sólo se mantienen, sino que siguen aumentando a medida que avanza el embarazo. Esto favorece el crecimiento de la flora, de las mucosas y por supuesto del bebé (¡es pro-trófico!).

Y es precisamente este aumento del nivel de estrógenos el que va a desempeñar un papel protector contra la cistitis durante el embarazo por varias razones:

  • Las mucosas, cuyo trofismo se mantiene, están en mejores condiciones: más hidratadas, más «pulposas» y más capaces de compensar posibles agresiones mecánicas (por ejemplo, la fricción durante el coito) o iniciáticas (por ejemplo, el pH urinario ácido) o incluso ataques bacterianos.
  • La flora Döderlein ya no pasa por fases de «decaimiento» (fase lútea en el caso de un ciclo menstrual mantenido), y por lo tanto es más abundante, mejor equilibrada y más capaz de asegurar sus funciones de barrera inmunitaria local contra posibles infecciones oportunistas.
  • La ausencia de menstruación permite un pH vaginal más estable que también contribuye a esta buena «salud» de la flora fisiológica.

Tengamos en cuenta que, en muchos casos, si la flora era deficitaria, vuelve a adquirir lactobacilos, vuelve a ser heterogénea, vuelve a equilibrarse, compensa la disbiosis y por lo tanto, la inmunidad a nivel genital y urológico aumenta. Esto hace que el paso de los gérmenes uropatógenos se vea dificultado e impedido gracias a esta competencia inmunitaria recuperada.

La consecuencia natural de estas «mejoras» en el equilibrio vulvo-vaginal y vesical es que la cistitis (ya sea postcoital o de otro origen) tiende a remitir o incluso a desaparecer por completo, ¡genial!

Lamentablemente el embarazo sólo dura 9 meses

Luego del embarazo se produce un descenso progresivo del nivel de estrógenos que puede ser más o menos brusco según los casos y en el que influye especialmente la lactancia materna.

De hecho, cuando el bebé nace se produce una explosión en la secreción de prolactina (una hormona que favorece la producción de leche), cuyo nivel se mantendrá en un rango alto mientras la mamá siga dando el pecho.

En cierto modo, podemos decir que la prolactina «toma el lugar» del estrógeno. Decir que la prolactina tiene la misma función que los estrógenos sería totalmente falso. Pero en cuanto a la prevención de la cistitis, la prolactina mantiene el papel protector de la flora, el trofismo, la inmunidad y por tanto la distancia de la cistitis.

Por ello, las situaciones post-parto son muy heterogéneas. Las mujeres que no amamantan pueden tener una desaparición de la cistitis durante el embarazo y una reaparición de la cistitis en los 2 a 6 meses siguientes al parto. En cambio cuando se amamanta, la «protección» contra la cistitis puede ser mucho más larga (a veces años), lo que da la impresión de estar totalmente «curada».

En estos resultados influyen por supuesto otros factores, como la reanudación de la actividad sexual y también todos los factores ambientales (por ejemplo si se han tomado antibióticos por otros motivos).

Conclusiones y posibles medidas preventivas

El esbozo descrito en este artículo de los mecanismos que explican la desaparición de la cistitis en muchas mujeres embarazadas y madres jóvenes, nos lleva a las siguientes conclusiones y opciones para una estrategia que evite la reaparición de la cistitis tras el parto y el periodo de lactancia.

El período de «tregua» (embarazo y posparto) es una demostración empírica inequívoca del papel central que juegan la calidad y el equilibrio del entorno vulvovaginal a la hora de desencadenar una cistitis. Por lo tanto, el problema de la cistitis recurrente en las mujeres está relacionado con:

– La influencia de las variaciones hormonales.

– La calidad y la cantidad de la flora de Döderlein.

– La hidratación y el trofismo de las mucosas.

A menudo, la cistitis es postcoital y el coito es la chispa que «enciende» una situación predisponente precaria.

Todo esto nos lleva a un enfoque de prevención ad hoc que consistiría en aplicar una serie de medidas que imiten y reproduzcan los efectos protectores del embarazo:

– Hidratación y apoyo al trofismo de las mucosas.

Recolonización y apoyo de la flora vulvo-vaginal.

Mantenimiento del pH vaginal fisiológico.

Estas medidas se deden combinar, en cada caso, con el tratamiento necesario de otros factores que predisponen y precipitan la cistitis.

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