SIBO y antibióticos

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Este artículo surge de la siguiente pregunta, planteada en uno de nuestros grupos de apoyo de Facebook:

“Buenos días a todos, no entiendo por qué se habla de tomar antibióticos para tratar el SIBO cuando precisamente es la toma de antibióticos lo que puede conducir al SIBO. Gracias de antemano”.

Muchas gracias por esta pregunta tan relevante y que nos da la posibilidad aquí de hablar sobre el SIBO y sus mecanismos de implementación y gestión.

Sobre el SIBO

SIBO corresponde a un sobrecrecimiento bacteriano en un sitio ectópico con respecto a su localización fisiológica. En el caso de SIBO, por tanto, se produce un “ascenso” de la microbiota desde el colon hasta el intestino delgado. Este desplazamiento va acompañado de un cambio en la composición de la microbiota (=disbiosis) que puede favorecer colonias bacterianas diferentes de un sujeto a otro de ahí la distinción entre IMO (intestinal methanogen overgrowth) y otros tipos de SIBO.

El consumo repetido y/o prolongado de terapias antimicrobianas (antibióticos o antifúngicos) es una de las primeras causas de disbiosis de la microbiota intestinal ya que, más allá de su acción terapéutica frente a la infección que se desea tratar, tienen unos efectos (a veces significativos) sobre la propia composición de la microbiota. Específicamente, los antibióticos matan a las bacterias que son susceptibles a ellos al igual que los antifúngicos diezman las colonias de levaduras. Por lo tanto, el ecosistema intestinal llega a tener una reducción de ciertas colonias de microorganismos y, aprovechando el “campo libre” que les queda, una proliferación de otras cepas oportunistas = esto es disbiosis.

Por lo tanto, es importante hacer una pausa aquí para aclarar que nada en la acción antimicrobiana de las terapias con antibióticos y antifúngicos promueve el aumento de la microbiota. Estos tratamientos, cuando son crónicos o “pesados” son exclusivamente los causantes de la disbiosis.

Entonces llegamos al punto fundamental: ¡SIBO es siempre un problema multifactorial!

Esto quiere decir que, para que se establezca un SIBO, es necesario que en el sujeto convivan no uno sino varios factores de riesgo:

  • factores de riesgo de disbiosis (incluidos los antibióticos, pero no son las únicas causas de disbiosis)
  • factores de riesgo para el ascenso de la microbiota

Entre los factores de riesgo más frecuentes para el ascenso de la microbiota se encuentran:

– consumo de IBP

hipotiroidismo

– sedentarismo

– ciertas terapias intensas o crónicas (por ejemplo, quimioterapia, antidepresivos, etc.)

Sobre la gestión de SIBO

En un paciente con SIBO, por lo tanto, nos enfrentamos a un problema multifactorial con:

  • realidad: sobrecrecimiento bacteriano en el intestino delgado
  • un cuadro clínico que no se puede descuidar: signos y síntomas que requieren un tratamiento rápido y eficaz (desnutrición, carencias, trastornos del tránsito, dolor, etc.); pero eso es solo la punta del iceberg
  • la existencia de factores de riesgo subyacentes que han llevado al establecimiento y cronificación del ascenso  y proliferación de bacterias que también hay que tener en cuenta. Sobre este último punto, es necesario distinguir: los antecedentes predisponentes y precipitantes de SIBO que deben ser identificados y comprendidos + factores de sustentación actuales que necesitan ser identificados y controlados.

En el caso de SIBO, por lo tanto, la atención se brinda en varios niveles:

  • erradicación del exceso de colonias bacterianas en el intestino delgado (y es por eso que los médicos a veces eligen el enfoque antibiótico para “limpiar” el sitio ectópico de la microbiota que no debería albergar)
  • control de síntomas con medidas paliativas dirigidas únicamente a brindar alivio y comodidad al paciente que le permita avanzar con serenidad en su camino asistencial (mencionaremos aquí la importancia de la alimentación – en particular la dieta baja en FODMAPs – y el uso de sustancias para normalizar el tránsito y reducir los síntomas)

    – eliminación de factores de riesgo previamente identificados para prevenir y prevenir recaídas*

*Como ejemplo:

– reducción o interrupción de las terapias con antibióticos y antifúngicos

– reducción o cese de los IBP

– normalización de la funcionalidad tiroidea

– aumento de la actividad física

– apoyo y fortalecimiento del sistema inmunológico

Por lo tanto, debemos insistir aquí en la necesidad de realizar TODOS LOS NIVELES de atención mencionados anteriormente para obtener no solo un alivio rápido y significativo sino también la regresión del SIBO sin riesgo de futuras recaídas o recurrencias.

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