Síndrome del intestino irritable y suelo pélvico: efectos colaterales que van mucho más allá del intestino.

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Este artículo surge del interés y de las preguntas de las personas con Síndrome del intestino irritable discutidas en nuestro grupo de apoyo y discusión.

Siendo el punto de partida:

¿Cómo pueden los trastornos gastrointestinales afectar al suelo pélvico y a sus órganos?

De hecho, la disfunción del suelo pélvico y de los órganos que alberga es uno de los efectos secundarios (complicaciones) del SII en muchos casos.

Para comprender los mecanismos que subyacen a esta complicación, es útil recordar los procesos que se desarrollan, en paralelo, en el caso del SII.

1) la disbiosis de la microbiota que está en la raíz del SII y que constituye, con la inflamación de la pared del enterocito, el efecto círculo vicioso que situa al paciente en una espiral de agravamientos sucesivos y progresivos, conduce a una reducción drástica de la competencia inmunológica. Los sujetos con SII (más aún si este problema lleva mucho tiempo presente) se encuentran por tanto en una situación de mayor fragilidad y exposición a patologías infecciosas oportunistas.

En las mujeres en particular, esta sensibilidad se expresa a menudo a nivel pélvico con un retorno de problemas: urológicos (cistitis, polaquiuria), ginecológicos (infecciones fúngicas, vaginosis, trastornos del ciclo menstrual, etc.) y perineales (fisura, liquen, herpes, eczema, etc.).

2) la alteración del tránsito lleva a:

– un empeoramiento de la disbiosis digestiva con aparición y proliferación de cepas (fúngicas y bacterianas) potencialmente más agresivas y patógenas para los órganos vecinos al intestino (vejiga, vagina, próstata)

– una colonización masiva del perineo por estos microorganismos digestivos urogenitopatógenos durante la defecación (ya sea SII con diarrea o estreñimiento) con por lo tanto, una mayor probabilidad de colonización de los órganos del suelo pélvico con consecuentes infecciones colaterales.

3) la inflamación de la pared intestinal genera la liberación de muchos mediadores inflamatorios que, a través de mecanismos que se pueden considerar «irradiantes», se propagan a los órganos cercanos y provocan un estado inflamatorio pélvico generalizado. Aquí podemos citar no sólo órganos como vejiga, vagina y próstata sino también los haces musculares, los ligamentos, las articulaciones de la pelvis, etc.

4) la sintomatología dolorosa que obliga al sujeto a adoptar posturas analgésicas lo lleva a desarrollar malposiciones de la pelvis, contracturas de la musculatura pélvica y «bloqueo» de ciertas articulaciones.

5) el fenómeno de hiperpermeabilidad intestinal que permite la «fuga» de desechos metabólicos y de digestión fuera de la luz digestiva y también las migraciones bacterianas endógenas, aumenta el riesgo de inflamación pélvica colateral e infección.

6) las respuestas pseudoalérgicas causadas por esta presencia inapropiada de sustancias «ajenas» en los tejidos pélvicos conducen al reclutamiento masivo de mastocitos y a la liberación de histamina (SAM e histaminosis) en el suelo pélvico, lo que posteriormente contribuye a inflamación, susceptibilidad a la infección y síntomas resultantes.

Por todas estas razones, el SII es a menudo responsable de los trastornos del suelo pélvico, ya sean mecánicos, inflamatorios o infecciosos.

Cuando tales molestias, dolores o patologías coexisten con un SII, por lo tanto, deben ser vistos como parte de un todo y gestionados paralelamente con el SII para una resolución tanto de las causas cuanto de las consecuencias para romper los «círculos viciosos» que mantienen y alimentan las diferentes facetas de este mismo y único problema.

Lo importante es sobre todo definir un enfoque personalizado que combine no solo las medidas correctas sino también una dosificación que sea factible en el tiempo. En este sentido, como siempre, podemos acompañarte si lo deseas

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